Chile: de la alta conectividad digital al desafío de las habilidades avanzadas y la regulación ética

Chile ha logrado un hito que pocos países de América Latina pueden exhibir: una conectividad digital prácticamente universal. Según el estudio Hogares Conectados 2026 de Fundación País Digital, el 96,6% de los hogares del país tiene acceso a internet. La histórica brecha entre zonas urbanas y rurales se redujo a apenas 1,6 puntos porcentuales. Sin embargo, ese logro de infraestructura abre una nueva y más compleja etapa: convertir la conexión en capacidades reales.

En un encuentro organizado por Fundación País Digital en la CEPAL se analizó precisamente este tránsito. El diagnóstico es claro: Chile ya no enfrenta principalmente un problema de acceso, sino de habilidades digitales avanzadas, brechas de talento y la necesidad de regular de forma ética las nuevas tecnologías, especialmente la inteligencia artificial.

La nueva brecha digital: del acceso al uso productivo

Mientras el 73,7% de la población declara manejar habilidades básicas (redes sociales, videollamadas o consumo de contenido), solo el 22,9% afirma poseer habilidades digitales avanzadas, como programar, crear sitios web o utilizar herramientas tecnológicas complejas. Además, un 20% de las personas indica no contar con ninguna habilidad digital productiva.

Esta polarización genera una paradoja: Chile está altamente conectado, pero una parte importante de la población no puede aprovechar plenamente las oportunidades de la economía digital. Como señaló Pelayo Covarrubias, presidente de Fundación País Digital, “no basta con estar conectados si una parte importante de la población no cuenta con las herramientas para usar internet de manera productiva, segura y significativa”.

Cerrar la brecha de talento

El mercado laboral chileno demanda con urgencia perfiles tecnológicos: desarrolladores, especialistas en ciberseguridad, analistas de datos y profesionales capaces de trabajar con inteligencia artificial. Iniciativas como Talento Digital para Chile buscan reconvertir trabajadores y formar nuevas generaciones, con la meta de aportar decenas de miles de egresados en áreas TI.

Sin embargo, el desafío no es solo cuantitativo. Se requiere una formación continua, actualizada y alineada con las necesidades reales de las empresas, que combine habilidades técnicas con competencias blandas como la adaptación, el pensamiento crítico y la colaboración.

La regulación ética de las nuevas tecnologías

El rápido avance de la inteligencia artificial y otras tecnologías emergentes plantea un tercer frente: cómo regularlas de manera ética. Chile necesita marcos claros que protejan los datos personales, eviten sesgos discriminatorios, garanticen la transparencia de los algoritmos y promuevan un uso responsable de la IA en el sector público y privado.

La discusión en el encuentro de Fundación País Digital y la CEPAL apuntó a que la regulación no debe frenar la innovación, sino orientarla hacia un desarrollo inclusivo y sostenible. El Marco Regional de Competencias Digitales para América Latina y el Caribe (DigCompALC), impulsado por la CEPAL, ofrece una referencia útil para alinear esfuerzos formativos y de política pública en la región.

El camino hacia una digitalización con sentido

Chile tiene una base de infraestructura digital envidiable. El siguiente paso es más exigente: transformar esa conectividad en productividad, inclusión y bienestar. Esto implica:

  • Fortalecer la formación en habilidades digitales avanzadas desde la educación escolar hasta la reconversión laboral.
  • Reducir las brechas de talento con programas públicos y privados coordinados.
  • Avanzar en una regulación ética y ágil de la inteligencia artificial y otras tecnologías emergentes.
  • Asegurar que la digitalización beneficie también a pymes, zonas rurales y grupos históricamente excluidos.

El país ya demostró que puede conectar a casi toda su población. Ahora el reto es que esa conexión se traduzca en capacidades reales, oportunidades laborales de calidad y un uso de la tecnología que ponga a las personas en el centro.

La etapa de la infraestructura está prácticamente superada. La de las habilidades, el talento y la ética apenas comienza.

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